Capítulo Cuarto
NARRACIONES PSIQUICAS
Amigos
míos, es urgente aprender a viajar por entre la Cuarta Dimensión. A muchos les
parecerá difícil tal aprendizaje, empero esto no es así tan trabajoso, lo que
se necesita es fuerza de voluntad, tenacidad incansable y paciencia infinita.
Vienen
a mi memoria en estos instantes algunos episodios muy importantes relacionados
con los Estados de Jinas. Cuando yo comencé mi aprendizaje, ciertamente tuve
que sufrir un poco. Me acostaba tranquilo en el lecho con la cabeza apoyada
sobre la palma de la mano izquierda; me concentraba en mi Madre Naturaleza y en
el Cristo, rogándole de todo corazón me llevara con cuerpo de carne y hueso a
remotos lugares de la Tierra; cuando me sentía ya en cierto estado de lasitud,
cuando empezaba a dormitar, suavemente me levantaba de la cama y salía al patio
de la casa; allí daba saltos largos con la intención de flotar en el espacio;
muchas veces estaba lloviendo y entonces tenía que soportar el agua y el frío;
vestido con ropa de dormir y luego al ver que no flotaba, me regresaba a la
cama para repetir el experimento una y otra vez incansablemente durante toda la
noche; mis desvelos eran enormes, mi cuerpo se estaba adelgazando, mi rostro
estaba pálido y mis ojos llenos de grandes ojeras de tanto desvelo, pero yo era
terco y un día de esos tantos obtuve el éxito.
En
estado de somnolencia me levanté del lecho y grande fue mi asombro al encontrar
tres damas dentro de mí recámara; una de ellas me ayudó a levantar de la cama,
mientras las otras dos ante una mesa echaban suertes con unos naipes, a ver
cuál de ellas se hacía cargo de mi insignificante persona; Es ostensible que la
suerte recayó sobre la que me levantó del lecho; ella me ayudó a salir del
cuarto, me condujo a lo largo de un corredor que conducía hasta la calle, abrió
el portón de la casa y me sacó a la calle; entonces vi a muchas otras personas
que igualmente estaban ocupadas en la misma labor en aquel poblado, donde a la
sazón vivía.
La
dama en mención me dijo que podía flotar en el ambiente, y al hacerlo sentí
gran alegría; no desconozco que hubo cierta falta de prudencia en mis actos,
pues tan pronto lleno de alegría me lanzaba a las nubes como me precipitaba a
la tierra para volar sobre las casas, las torres de las iglesias, etc., etc.
1.
- ¿Y no lo veía a nadie?
R.-
¡Oh!, Distinguida dama, de cierto le digo que nadie me veía porque mi cuerpo se
había metido dentro de la Cuarta Dimensión, se había escapado del mundo de tres
dimensiones y por eso se había hecho invisible para las gentes de este mundo.
La
dama me llevó a Nueva York; allí había un caballero que también estaba
trabajando en la misma forma; aquella mujer lo ayudó también y los sacó de su
apartamento, de manera que ya fuimos dos los viajeros de la Cuarta Dimensión.
Atravesamos el océano Atlántico y luego volamos sobre Europa pasando por
distintas ciudades en ruinas, pues estábamos en la Segunda Guerra Mundial.
Aquel hombre me dijo: “no sé qué veo en ti, pero lo único que sé es que dentro
de ti mismo hay mucho de filosofía y mucho de ocultismo”. El caballero me
advirtió sobre los peligros que existían en las tierras de Europa; me dijo que
tuviéramos mucho cuidado porque si llegábamos a salirnos de la Cuarta Vertical,
caeríamos en esos países sin documentación de ninguna especie, por lo cual nos
asesinarían o nos meterían en la cárcel. “Tiene usted razón”, le respondí; “de
ninguna manera debemos abandonar la Cuarta Coordenada”.
Durante
el trayecto nos detuvimos unos instantes para entrar en una casa de modistas.
La dama que nos conducía nos manifestó el deseo de ayudar a algunas personas
que allí vivían; entretanto nosotros permanecimos dentro de una habitación
contigua, platicando. Cuando salimos de aquella casa con nuestro guía, seguimos
flotando sobre el cielo de Europa para llegar hasta el lugar donde nos
proponíamos. Una vez hechas las investigaciones requeridas, me despedía de mi
guía y del amigo y regresé a casa. Ya ven ustedes, distinguidos amigos y
amigas, cómo con voluntad y paciencia pueden ustedes aprender a meter su cuerpo
físico dentro de la Cuarta Dimensión; a mí esto me costó como un año de
amarguras.
2.
-¿Cómo sabía el guía que en esa casa que usted menciona necesitaban ayuda? ¿Y
qué tipo de ayuda?
R.-
Con el mayor gusto responderé a su pregunta, estimada dama. Es claro que las
personas que vivían en tal casa eran amigas del guía; la ayuda que prestó la
dama que nos guiaba se relacionaba con los estudios Jinas; tenía por objeto
ayudar a una persona a entrar en la Cuarta Dimensión; eso es todo.
3.
- ¿Qué tanto tiempo estuvo usted haciendo ese viaje?
R.-
Bien, distinguida señora, considero que en ir y venir pudo haber transcurrido
un par de horas.
4.
- ¿Cómo supo regresar solo?
R.-
Esta pregunta es muy interesante y da oportunidad para una hermosa explicación.
Sucede que en el mundo de la Cuarta Dimensión todo regresa a su punto de
partida original; si abrimos una puerta, ésta se cierra de inmediato por sí
misma; si llevamos un objeto de un lugar a otro, este retorna por sí mismo a su
lugar. Por ejemplo, en cierta ocasión salí de la casa por entre la Cuarta
Dimensión; me situé exactamente en una calle de distancia y luego me quité la
camisa de dormir, la tiré al espacio y observé cuidadosamente el curso que ésta
seguía; entonces vi con asombro que flotando tal objeto en la atmósfera regresó
a casa, penetró por la puerta y fue a dar al lecho. Así pues, no es extraño el
que yo me dejara llevar por la fuerza del retorno para regresar en forma,
dijéramos instintiva y automática al dormitorio hasta quedar el cuerpo colocado
en la posición en que antes estuviera.
5.
- En una región nevada de Sudamérica, un hombre que cuidaba ganado, estando
cansado se detuvo en una cabaña solitaria acompañado de un perro. Prendió fuego
para estar más cómodo. A media noche sintió ruidos extraños y oyó ladrar al
perro como si se acercara una persona extraña; al observar qué era lo que
sucedía, vio a un nombre cubierto de pelo sin ropa alguna; tomó su fusil para
atacar al visitante, el cual le dijo: “amigo mío, no me ataque, no me haga
daño, que vengo en son de paz”, contándole cómo había llegado hasta aquel
estado, por haber hecho una promesa hacía muchos años de vivir lejos de la
civilización y no volver a dejarse ver de ninguna mujer. El ganadero le ofreció
comida y techo en la cabaña y le indicó que él vivía en una hacienda donde no
habitan mujeres, que cuando quisiera, podía ir por allá para platicar con él y
ofrecerle de comer lo que a él le apeteciere. Un día cualquiera, el hombre
peludo lo visitó en la hacienda y, estando platicando con él, observó que
estaban mirando le algunas damas de allí, huyendo sin volver jamás a aparecer
por esos lugares. ¿Podría usted explicarnos, Maestro, por qué tomó esta
determinación de vivir en la soledad y lejos de las mujeres?
R.-
Con el mayor placer responderé a su pregunta, distinguido caballero. Su relato
me parece muy interesante. Ciertamente es muy lamentable el caso del peludo. En
todo esto veo un poco de ignorancia: huir de las mujeres me parece demasiado
absurdo porque sería imposible llegar a la liberación, a la salvación, ya que
ellas son un elemento importante en la vida.
El
Amor es el fundamento de la liberación, de la salvación, de la iluminación.
Sólo amando podemos llegar a Dios, sólo queriendo de verdad podemos conseguir
la eterna bienaventuranza. Nosotros hemos escrito muchas obras y bien vale la
pena que nuestros lectores las estudien; “El Matrimonio Perfecto”, por ejemplo,
es uno de esos libros que pueden enseñarle a la gente lo que es el Amor; hay
algunos otros textos importantes; por ejemplo: “El Misterio del Áureo
Florecer”, “El Parsifal Develado”, y muchos otros.
No
hay duda de que el peludo se convirtió en un auténtico salvaje. En contacto con
la Naturaleza le brotó la piel de chango, se convirtió en un hombre mono,
involucionó hasta convertirse en un simio; eso es todo.
6.
- En el tiempo de la colonia, dos caballeros que cabalgaban hacia la ciudad en
un día lluvioso, tratando de descansar y de guarecerse de la lluvia, vieron en
los alrededores un mesón en donde parecía que había una fiesta, pues los que
estaban ahí bailaban, bebían y reían; entraron y también se quedaron a
compartir la fiesta.
Al
sentirse cansados, se retiraron a su cuarto a dormir; al otro día, cuando
despertaron, grande fue su sorpresa al ver que en aquel lugar sólo había polvo
de mucho tiempo y esqueletos diseminados por toda la casa; espantados, huyeron
de allí despavoridos. ¿Podría usted decirme a qué se debió este fenómeno?
R.-
Interesante su relato, distinguido caballero. He ahí un fenómeno maravilloso de
la Cuarta Dimensión. No hay duda de que los viajeros aquellos tuvieron un
acceso momentáneo a la Cuarta Dimensión en que pudieron ver y oír a muchas
gentes desencarnadas, a difuntos dijéramos, con los cuales departieron
amigablemente. Al otro día recibieron la sorpresa al descubrir en tal mesón
sólo huesos de muertos.
7.
- Un bohemio que acostumbraba a vivir en las tabernas, un día al salir de una
cantina para dirigirse a su casa, sintió un ruido extraño que venía detrás de
él; al mirar hacia atrás, vio una figura humana sin cabeza que lo seguía a
cierta distancia; el hombre echó a correr dando gritos, con los cuales salieron
las gentes de sus casas a auxiliarlo; al llegar cerca de su casa, cayó privado
del conocimiento. Horas más tarde, cuando despertó, relató lo sucedido.
¿Quisiera a explicarme por qué vio un hombre sin cabeza?
R.-
El señor nos habla de un decapitado; muchas gentes que perecieron en la
guillotina durante la Revolución Francesa continuaron en el Más Allá, en la
Dimensión Desconocida con figura de decapitados; sucede que aquellos que han
muerto de esa manera suelen a veces hacerse visibles con tan siniestra figura
en el mundo físico.
Amigos
míos, es bueno que ustedes sepan que existen tierras encantadas, regiones de
las “mil y una noches” y que todo eso pertenece a la Cuarta Dimensión. La
Naturaleza tiene maravillas y prodigios; recuerdo que en algunos de mis viajes
que hice por tierras de América llegué a la casa de un niño que estaba muy
enfermo; los cuervos, zopilotes, gallinazos, zamuros, chulos, tiñosos etc. se
paraban sobre el pecho de aquella casa; antes los médicos pronosticaron que el
niño moriría.
Lo
que asombra es que tales aves, que evidentemente se desenvuelven en el Rayo de
Saturno, adivinaran con tanto acierto y conocieran con precisión absoluta el
lugar a donde iba a fallecer una criatura; No está de más aseverar que en
realidad tal niño murió sin que la ciencia médica pudiera salvarlo; no hay duda
de que ese tipo de aves del cielo cumple una misión bellísima, limpiando la
Naturaleza de toda podredumbre. Es claro que tienen facultades que les permiten
conocer el lugar donde alguien ha de morir. Todo esto nos invita a reflexionar
sobre los poderes de la Naturaleza.