Capítulo Ocho
LOS HOMBRES GLACIALES
Bien,
amigos, vamos a al comentar ahora algo sobre los Hombres Glaciales. Es urgente
comprender el proceso de revolución de los ejes de la Tierra, los cuales
acarrean distintas glaciaciones.
Se
nos ha dicho que antes de la pasada glaciación, los Polos de la Tierra se
encontraban en la zona que hoy corresponde a la línea ecuatorial, en forma tal
que lo que era Ecuador se convirtió en Polos y viceversa; esto originó el
hundimiento de la Atlántida; es claro que por tal motivo cambió la geografía
terrestre.
Se
ha encontrado en el Polo Norte carbón vegetal, y en la Siberia, a orillas de
los grandes ríos, se han descubierto animales antediluvianos que perecieron por
el frío y el hielo; tales criaturas, completamente tropicales, fueron de un
momento a otro sorprendidas por el hielo y la nieve, y entonces perecieron.
La
primera raza humana que existió en el mundo vivió en el casquete polar del
Norte, en la Isla Secreta. Tal región fue tropical y estuvo, como ya dijimos,
en la zona ecuatorial, aunque más tarde, debido a la revolución de los ejes de
la Tierra, viniese a ocupar el lugar que actualmente tiene.
La
primera raza que vivió, pues, en esa región, fue completamente protoplasmática.
Los
cuerpos de las gentes eran dúctiles, elásticos, podían agigantarse a voluntad o
empequeñecerse; no tenían la consistencia física de la humanidad actual.
Sin
embargo, las personas de tal raza eran felices, percibían el mundo y las cosas
en forma íntegra, completa. No sólo veían lo meramente físico, sino que también
además podían ver el Alma y el Espíritu de todos los seres y las cosas.
La
Tierra entera tenía entonces un bellísimo color azul intenso con sus mares y
montañas.
Aunque
parezca increíble, la primera raza que existió en el mundo fue de un bellísimo
color negro. Empero, resulta un poco difícil comprender a las gentes actuales
que en los pómulos de aquellas gentes y en sus rostros en general, a pesar de
ser de raza de color, pudiese brillar cierto color y cierto matiz semejante al
del fuego.
El
sistema de reproducción era completamente diferente al actual; los seres
humanos se reproducían en una forma muy parecida a la de la división de las
células orgánicas. Ya sabemos que una célula se divide en dos y que las dos se
dividen en cuatro y las cuatro en ocho, etc., etc. Así también el organismo del
padre-madre, totalmente andrógino, pues no era masculino ni femenino, sino
tenía ambas polaridades a la vez, en determinado momento se dividía en dos. Del
padre-madre se desprendía, por decirlo así, el hijo, y éste era un
acontecimiento profundamente religioso.
A
muchas personas podrá parecerles extraño una raza de andróginos, mas es obvio
que la primera raza humana fue así.
Las
gentes de la Raza Protoplasmática tuvieron templos maravillosos, grandiosas ciudades
y riquísima sabiduría divina.
Por
entonces vivió en la Tierra el Ángel Uriel, quien tuvo cuerpo físico humano. Él
escribió un grandioso libro con caracteres rúnicos, nórdicos, y cumplió una
bellísima misión enseñando a la humanidad de aquella época.
Esta
Raza Protoplasmática es el Adam-Solus del que habla la Biblia; ese Adán del
cual no se había extraído la Eva de la mitología hebraica.
Han
pasado los siglos, muchísimos millones de años y sin embargo, aquella raza, a
pesar de haberse transformado en otras, se conserva todavía en formas muy
originales, y esto es algo que puede sorprender al auditorio.
Quiero
decir que no todos los individuos de aquella raza desaparecieron de la faz de
la Tierra; hay cierto grupo de tales gentes primigenias que todavía viven aquí
en la Tierra.
Ese
misterioso grupo reside actualmente en una ciudad secreta subterránea ubicada
exactamente en el Polo Norte. Esos son los Hombres Glaciales que, para bien de
esta pobre humanidad doliente, aún existen.
Lo
que más asombra es que dichos individuos o dicho grupo correspondiente a la
primera raza, a pesar de haberse aislado para evitar todas esas
transformaciones orgánicas que dieron origen a los millones de seres humanos
que pueblan la faz de la Tierra, no sólo hayan conservado su pureza original,
sino que además, y esto es lo más notable lograron una metamorfosis única,
especial, extraordinaria.
Actualmente
los miembros de tal grupo tienen hermosas presencias de tamaño humano semejante
al nuestro, cuerpos perfectos de carne y hueso y gran sabiduría.
Ellos
son realmente el prototipo viviente de lo que deberían ser todas las gentes de
la Tierra.
No
hay duda de que su ciudad subterránea bajo los hielos polares es formidable,
maravillosa; poseen una alta tecnología ultramoderna; cuentan con aparatos
mecánicos que corresponden a un remoto futuro; están pues, adelantados en el
tiempo.
Es
ostensible que tales Hombres Glaciales habrán de auxiliarnos muy especialmente
en las guerras futuras, ya a través de la medicina, curando enfermos, sanando
heridas, ya través de la ciencia atómica, química, procurando servir a las
víctimas de las bombas microbianas o de la energía nuclear, etc., etc., etc.
Ellos
pueden asistir a las gentes y pasar desapercibidos por doquier.
1.
-¿Cuál es la razón de que se haya conservado esa raza sin mezclarse con la
nuestra?
R.-
Con el mayor placer responderé al caballero. Es claro que los hombres de la
primera raza pasaron por muchas transformaciones antes de convertirse en
Hiperbóreos; estas almas, aunque también fueron andróginos, se reprodujeron por
medio de algo que podría llamarse brotación. Tal sistema es muy semejante al de
las brotaciones de las plantas. Cualquier brote vegetal desprendido de su
tronco original puede transformarse en otra planta. Así también, del cuerpo de
aquellos Hiperbóreos se desprendían esporas oviformes. Tales esporas se
convertían en nuevos organismos independientes.
Después
de los Hiperbóreos vinieron los Lémures: gentes hermafroditas de carne y hueso
que se reproducían por gemación. De tal ovario se desprendía un huevo que
después de cierto tiempo se abría para salir de ahí una criatura que se
alimentaba con los pechos del padre-madre.
Tal
Raza Lemur se dividió en sexos opuestos después de muchos millones de años; ese
acontecimiento está simbolizado en la Biblia con la alegoría aquella en que
Jehová extrae una costilla de Adán a Eva. Es claro que después de haberse
dividido los seres humanos en sexos opuestos, la reproducción se realizó
entonces por cooperación sexual; ese es el sistema que tenemos actualmente.
Como
van ustedes escuchando, la raza primitiva original se transformó en otras razas
a través del tiempo y de los siglos; pasó por incesantes metamorfosis,
evoluciones e involuciones, etc., etc., etc., empero hubo cierto grupo, repito,
de aquella raza primitiva original, que se apartó de todas esas sucesivas
metamorfosis, y que se conservó pura y virginal hasta nuestros días. Eso son
los Hombres Glaciales.
2.
- ¿Es posible visitar a esos Hombres Glaciales?
R.-
Ya en una pasada plática registrada en este libro dijimos que es posible meter
el cuerpo físico dentro de la Cuarta Dimensión; entonces enseñamos la clave,
explicamos que cada individuo tiene su Madre Naturaleza particular y que si nos
concentramos profundamente en ella en instantes de estarnos adormeciendo,
rogándole y suplicándole el favor de meter nuestro cuerpo físico dentro de la
Dimensión Desconocida, ella nos ayudaría en este sentido; entonces afirmamos
que sólo nos restaba levantarnos del lecho cuidadosamente, conservando el sueño
como si fuésemos sonámbulos, pero eso sí, con la Conciencia bien despierta.
En
estas circunstancias, flotando en el medio ambiente circundante de la Cuarta
Dimensión, podríamos visitar la ciudad de los Hombres Glaciales. Es claro que
se necesita fe, mucha fe, amor al Cristo, anhelo verdadero. Sólo así es posible
el triunfo.
3.
- ¿Podremos visitarlos sin el permiso de ellos?