Capítulo Once
MATERIALIZACIONES PSÍQUICAS
1. - Cuando tenía
siete años, en una ocasión soñé con una iglesia de un pueblecito donde cerca
había un circo, ferias y puestos donde vendían cosas típicas del lugar;
visualizaba todo claramente, a tal grado que hablaba con una señora que iba
vestida de rojo; después me perdía entre las gentes y me iba. Cinco años
después visité aquel pueblo y vi exactamente la escena que había soñado, pero
no me di cuenta de ello, hasta que me habló la señora vestida de rojo;
extrañándome que después de tanto tiempo me sucediera todo tal como lo había
soñado.
Maestro, ¿Podría
explicarme a qué se debe este tipo de fenómeno?
R.- Con el mayor
placer voy a dar respuesta a esta pregunta. Permítaseme la libertad de hablar
en forma muy sencilla debido a que este es un libro elemental para aspirantes a
la Gnosis.
Es incuestionable que
durante las horas del sueño, el Alma se escapa del cuerpo físico para
transportarse a distintos lugares del mundo o del espacio infinito. Explicado
esto será fácil entender que el caballero que hace la pregunta, fuera de su
cuerpo denso, viajaba al lugar que varios años después reconoció ya
físicamente. Es claro y resulta palmario y manifiesto que viviera con mucha
anticipación el suceso que más tarde se convirtiera en realidad física. Esto
significa que uno durante el sueño puede vivir acontecimientos antes de que
estos sucedan.
No hay duda que la
persona que reconociera después de varios años y en el lugar mencionado, ya
había estado en contacto con él, precisamente, durante las horas mismas del
sueño. Estas son cosas que todavía ignoran aquellas gentes que se dedican a la
Parapsicología.
2. - Hace mucho
tiempo me contaba una tía que, cuando era dueña de una tienda de abarrotes, una
noche muy lluviosa llegó un señor muy misterioso, a lo cual no le veía la cara
ya que traía un sombrero de ala muy ancha y venía cubierto por un abrigo negro
de solapas muy grandes y levantadas. Dicho señor le pidió que le hiciera el
favor de guardarle un pequeño cofre, ya que en ese momento no iba para su casa
y estaba lloviendo, que él lo recogería al otro día por la mañana. Mi tía tomó
el cofre y lo puso en la estantería de la tienda. Al salir nuevamente el
misterioso señor, observó que no se veían los pies y que momentáneamente
desaparecía como una sombra en la noche. Inmediatamente sintió un escalofrío y le
dio la corazonada de que no era nada normal todo lo que le estaba aconteciendo.
Al día siguiente, les
relató a otras personas tal suceso y dado que en un año y medio el tal señor no
se presentó a recoger el cofre, dichas personas que sabían del caso, le
recomendaron que lo abriera porque podía tratarse de un difunto. Así lo hizo y
al abrirlo se dieron cuenta que efectivamente contenía la osamenta de un
muerto, pero en el fondo tenía una cantidad no despreciable de monedas de oro;
dado el estado de nervios en que se encontraba ella, determinó regalar dicho
cofre a otras personas, ya que no quería saber más del asunto. ¿Sería tan
amable, Maestro, de explicarnos algo sobre este acontecimiento?
R.- Con el mayor
gusto voy a dar explicación sobre este asunto. Ciertamente el personaje tan
extrañamente vestido que en aquel lugar se presentara, era, fuera de toda duda
un desencarnado, el fantasma de un difunto.
Resalta con plena
claridad meridiana el hecho concreto de que el fantasma abandonó por un
instante la Dimensión Desconocida para entrar en este mundo físico de tres
dimensiones. Es incuestionable que tal fantasma le regaló ese cofre a la
persona del relato. Lamentablemente la citada dama no fue capaz de comprender
el hecho en sí mismo y, llena de pavor, regaló a otros lo que para sí misma
había sido destinado. Vea usted lo que significa el miedo; tal señora hubiera
podido mejorar su situación con tan bonita fortuna; desdichadamente no supo
aprovechar la bella oportunidad que se le presentara.
Resulta interesante
comprender que dicho fantasma, además de materializarse en el mundo físico,
pudo hacer lo que llamaríamos un aporte, pasando tal cofre del lugar donde se
hallaba hasta ponerlo en manos de aquella señora. Este tipo de
materializaciones son realmente sensacionales.
3. - Entonces
Maestro, ¿no debe uno desaprovechar estas oportunidades cuando se presenten, a
pesar de tener miedo?
R.- Distinguida dama,
permítaseme decirle que el miedo es algo execrable: las naciones se arman por
miedo, se lanzan a la guerra por miedo; los hombres se ponen pistola al cinto
por miedo y asesinan por miedo. ¿Por qué temer? Todos tenemos que morirnos
tarde o temprano. Lo mejor que hubiera podido hacer aquella señora del relato
era devolver los huesos al panteón y aprovechar el dinero haciendo muchas obras
de caridad y beneficiándose también a sí misma.
Distinguidos señores
y señoras, en el mundo suceden muchos acontecimientos insólitos, extraños,
metafísicos.
Alguien me contó algo
sobre un caso muy interesante: cuentan que en una fiesta, cierta dama supo
distinguirse por su inmensa alegría, pues obviamente destacaba entre todos los
invitados por su carácter jovial y por su belleza física.
Muchos jóvenes
danzaron con ella hasta las tres de la mañana, hora ésta en que la dama
manifestó tener mucho frío; uno de sus admiradores le prestó una chamarra,
chompa o chaqueta, para que se abrigara. Luego, como un cumplido caballero, se
ofreció para acompañarla hasta su casa. La dama no declinó tal atención
caballeresca y salió, pues, de la sala del festín.
En veloz automóvil,
la dama acompañada por el joven que le ofreciera su compañía y por algunos
otros varones amigos de este último, llegó hasta la puerta de su casa.
El personal de
compañía se despidió de la susodicha dama al tiempo que ésta penetró en su
morada.
Al día siguiente, el
caballero dueño de la prenda de vestir prestada a la dama, junto con sus
amigos, tocó a la puerta de aquella mansión con el evidente propósito de
recuperar la prenda.
Una anciana abrió la
puerta a tiempo que preguntara: “¿Qué desean ustedes, señores?” “Venimos” –dijo
uno de los jóvenes– “por una chamarra que le presté anoche a la señorita fulana
de tal.” “¡Oh!,” –dijo la anciana– “si ustedes quieren esa prenda de vestir
deben ir a buscarla en el panteón; la hallarán sobre la tumba de mi nieta; ella
fue la dama que con ustedes anoche bailó; hace muchos años murió.”
Los jóvenes alarmados
se dirigieron ciertamente al panteón, buscaron el sepulcro de la dama y lo
hallaron, y sobre este último encontraron la chamarra.
Vean ustedes, mis
amigos, un caso extraordinario de materialización. Ante todo quiero que me
escuchen la explicación; sólo así podrán entender cómo se produjo este fenómeno
de tipo metafísico.
Quiero que sepan que
al morir van al sepulcro tres cosas: primero, el cuerpo físico; segundo, el
Fondo Vital de nuestro organismo, una especie de Doble Etérico que se va
descomponiendo lentamente junto a la tumba; tercero, la personalidad. Esta
última es energética, permanece en el sepulcro, pero a veces sale de él y hasta
se da el lujo de andar por diversos lugares.
De acuerdo con el
relato, creo que ustedes podrán entender que eso que se hizo visible en el
baile, que ese fantasma que pidió prestada la prenda de vestir, era la
personalidad de la muerta. Sólo así podemos explicarnos el motivo por el cual
tal prenda fuera hallada precisamente sobre la fosa sepulcral.
4. - Bueno Maestro,
ese fantasma era el Alma de la muerta, ¿cómo debo entender este fenómeno?
R.- Distinguida
señorita, no se extrañe usted de lo que estoy diciendo; escúcheme con
confianza, el Alma de la muerta no podría estar metida en un sepulcro; lo que
se apareció fue la personalidad de la difunta, y esto ya es diferente. No hay
duda de que la personalidad poco a poco se va desintegrando hasta desaparecer o
aniquilarse. El Alma es algo distinto, es algo divino, que no puede ser
encerrado dentro de un sepulcro.
5. - Muy interesante
nos parecen estos relatos, Maestro; nos gustaría que nos contara algún otro
suceso de apariciones de ultratumba.
R.- Con el mayor
placer voy a relatar a la honorable concurrencia otro caso, por cierto, muy
interesante.
Esta vez se trata de
una dama que tomó un taxi a la medianoche en la ciudad de Guatemala; al
preguntarle el chofer sobre el domicilio a donde debería llevarla, ésta le dio
ciertas señas que vinieron a coincidir ciertamente con el panteón de la ciudad.
Un poco extrañado el chofer, dejó a la dama exactamente en la puerta funeral,
no sin antes exigirle el correspondiente pago, valor del transporte.
La señora aquella le
manifestó que en ese instante no tenía dinero, pero que le daba una prenda de
oro con la cual garantizaba el pago; después le rogó que al día siguiente fuese
a su casa situada en la calle tal, número tal, etc., etc., que tocara en aquella
casa y que entregara la cadena a su mamá reclamando el dinero, valor del
pasaje.
Un poco confundido,
aquél chofer se alejó de la puerta funeral, y al otro día muy de mañana, llegó
a la casa indicada por la dama, de la que salió una señora de avanzada edad,
preguntándole qué deseaba.
El chofer, sacando la
cadenita de entre la bolsa donde la llevaba, la mostró a la señora, contándole
el caso y rogándole le entregara el dinero, valor del pasaje de su hija fulana
de tal.
Al ver aquella cadena
de oro con su hermoso medallón, la anciana madre reconoció la prenda de oro con
que fuera enterrada su hija muerta hacía algún tiempo. Es obvio que la anciana
palideció llena de infinito terror.
Después invitó al
chofer a penetrar en su domicilio con el propósito de que tratara de
identificar a su hija: para tal efecto le enseñó una fotografía ampliada que
bellamente enmarcada se hallara en la sala. Es ostensible que el chofer la
reconoció de inmediato. No hay duda que esta madre quedó en un estado de
confusión espantoso y hasta se dice que el chofer más tarde la volvió a ver en
otra parte de la ciudad.
Este es otro caso de
materialización de la personalidad o expersonalidad de un difunto. En los
antiguos tiempos había más comprensión de las gentes; entonces se enterraba a
los difuntos junto con todas sus pertenencias, incluyendo comidas, bebidas y
otras clases de enseres con las que el difunto estaba familiarizado en vida.
Así es como la
personalidad del difunto se siente en su ambiente, como si estuviera en su casa.
Debemos tener caridad
por los muertos y entender también con amor a esas sombras del panteón; debemos
llevarles flores, amor, oraciones y también aquellos alimentos que en vida
solían comer. Nosotros aquí en México damos el ejemplo el día de los muertos,
el 2 de noviembre, poniendo sobre los sepulcros los alimentos y bebidas que a
ellos tanto les gustaran; ojalá muchas gentes de otros países sigan este
ejemplo.
AnteriorSiguiente