Capítulo Diecisiete
FENÓMENOS JINAS
1.
- En tiempos de nuestra revolución mexicana, le sucedió a un familiar el
siguiente acontecimiento: resulta que en una batalla del estado de Sonora, se
perdieron en el desierto, él y un amigo. Después de varios días de caminata,
sin tener agua ni alimento alguno, falleció su amigo, a quien al caer la noche
sepultó, quedando solo en medio del inmenso desierto. Después de caminar, cerca
de una hora, desde el lugar donde lo había sepultado, se acostó cansado a
dormir, pero al día siguiente su sorpresa fue muy grande, al ver a su lado el
cadáver de su amigo, lleno de arena. Sin poder entender este fenómeno, volvió a
darle cristiana sepultura. Siguió caminando durante el día, y al caer la noche
se volvió a dormir y nuevamente se encontró al despertar, al día siguiente, con
el cadáver a su lado. Esto mismo le sucedió durante tres ocasiones. Al tercer
día, oró profundamente a Dios para que ya no le sucediera más tal fenómeno, y
ese último día empezó a encontrar qué comer, hasta que llegó a una población;
espantado, narró tal suceso medio muerto de sed y de hambre. ¿Podría usted ser
tan amable, Maestro y de darnos una explicación al respecto?
R.-
Con mucho gusto voy a dar respuesta a la pregunta del caballero.
Fuera
de toda duda, podemos catalogar tal fenómeno como un hecho de la Cuarta
Dimensión. Ostensiblemente, tanto la personalidad energética como el “yo
psicológico” del difunto, se metía dentro de su cadáver, sacándolo de entre la
fosa sepulcral mediante el agente de la Cuarta Dimensión, de la Cuarta
Coordenada, de la Cuarta Vertical.
Supe
de un caso símil, relacionado con un brujo auténtico, de esos que saben meter,
en la Cuarta Dimensión, su cuerpo físico. Después de haber sido sepultado, se
le encontró una y otra vez, acostado en decúbito dorsal, sobre la lápida de su
tumba. Es obvio que, en cada caso, el sepulturero volvía nuevamente a meter tal
cuerpo dentro de su fosa, más siempre se repetía lo mismo.
Cualquiera
de esos tantos días, en que el sepulturero repitiera su ya consabido trabajo,
tuvo un instante de descuido que fue lo suficiente como para que aquel cuerpo
desapareciera definitivamente, sin dejar rastro alguno. Es incuestionable que
se trataba de un brujo muy bien disciplinado: extraño personaje que, en vida,
había enfatizado muchas veces (por cierto entre grupos de amigos), que él se
escaparía del sepulcro, con cuerpo y todo, después de haber sido enterrado.
Cumplió
su palabra, es claro, y esto resulta ciertamente prodigioso. Empero, no se
confunda esto con el “vampirismo”. Es ostensible que los vampiros también se
escapan del sepulcro para cometer fechorías y vampirizar a las gentes vivas,
pero regresan siempre al punto de partida original.
Recuerden
ustedes, señores, el caso auténtico del conde Drácula. Este vivió en Rusia,
realmente; era el alcalde de un pueblo. Estaba casado, más aborrecía a su
esposa; constantemente la azotaba.
Después
de su defunción, el conde Drácula se escapaba del sepulcro y venía a casa para
repetir siempre las mismas azotainas, esas que tanta amargura le dieran a la
infeliz mujer.
La
pobre, exasperada hasta el máximo, puso el caso en conocimiento de las
autoridades civiles y religiosas de su época, causando, como es natural,
estupor general.
Dicen
las tradiciones que varios obispos y clérigos de “misa y olla”, crucifijo en
mano y con muchas “camándulas” y agua bendita, resolvieron violentamente
interceptar el paso del izquierdo y tenebroso carruaje que siempre salía del
panteón, transportando al conde Drácula.
Los
clérigos irrumpieron en el puente, intentando detener al izquierdo y fatídico
coche nocturno y funeral.
Incuestionablemente,
de nada valió todo esto: el carruaje del conde atropelló a aquellos religiosos
espantados.
Como
lo saben muchas gentes, las autoridades resolvieron abrir aquel sepulcro.
Grande fue su asombro, al encontrar el ataúd lleno de sangre y dentro de tal
caja mortuoria yacía el cadáver del conde Drácula, completamente conservado. Es
obvio que se alimentaba de humana sangre; eso se sabe por las tradiciones, y
muy pocas gentes lo ignoran.
Los
pies del cadáver estaban llenos de lodo, lo que indicaba, plenamente, el hecho
concreto de que aquel muerto se escapaba, precisamente en altas horas de la
noche. Todo esto terminó cuando se le clavó una estaca en el corazón.
Con
todos estos relatos y explicaciones, en modo alguno quiero afirmar que todos
los estados Jinas, o fenómenos tetra-dimensiónales, sean de carácter tenebroso.
Es
bueno que ustedes, mis amigos, sepan que existen Jinas Blancos y Jinas Negros.
Indubitablemente, los poderes de la luz y de las tinieblas, se combaten
mutuamente.
Viene
a propósito decir, ahora, que hay gentes que saben salir del cuerpo físico a
voluntad, tal como lo hemos enseñado anteriormente.
Existen
sujetos que fuera de su cuerpo físico, pueden invocar o llamar al cuerpo, aun
en el caso de encontrarse ya muy lejos de este último.
Para
mayor comprensión de mis lectores, explicaré esto con otras palabras. Pensad,
por un momento, que estáis en la recámara donde normalmente conciliáis el
sueño. Imaginad que vuestra Alma se ha transportado, de pronto, al lugar más
céntrico del pueblo o ciudad donde habitáis. Incuestionablemente, esa Alma ya
está lejos del cuerpo, pues el cuerpo está en la cama y el Alma ha viajado
hacia el centro de la ciudad. Y aunque a vosotros os parezca imposible, esa
Alma podría, desde el centro del poblado o ciudad donde está, llamar al cuerpo
que, dormido, quedó entre el lecho.
Podrá
pareceros extraño lo que estoy diciendo; podrá pareceros imposible que tal
cuerpo concurra a vuestro llamado, que abandonara el lecho, que saliera de
casa, que caminando despacito, fuera exactamente a dar con su Alma, que en esos
instantes ansiosa le esperara en el centro de la ciudad.
Vosotros
podéis responderme que sólo un perrito muy amigo, dejado en casa, podría ir en
vuestra búsqueda. Os parecerá algo insólita la noticia de que un cuerpo pudiera
ir en busca de su Alma, más eso es así, no os sorprendáis. Comprendo que
ignoráis todo esto, y por eso tal noticia os parece algo inusitada y hasta
imposible. Para ilustrar mejor lo que quiero decir, voy a relataros un caso muy
interesante.
En
cierta ocasión, hube de salirme del cuerpo físico a voluntad. Es claro que yo
me sé desdoblar y por lo tanto, esto no es un problema para mí.
Me
trasladé a la Orden Secreta del Tibet, esta congregación tiene su Monasterio en
la Cuarta Dimensión. Allí estaba ocupado en el trabajo esotérico, junto con
otros hermanos de la Orden. Empero sucedió que el cuerpo físico, que había
dejado dormido entre el lecho, aquí en la ciudad capital de México, D. F., como
quiera que hacía muchas horas que dormía, agotó en forma muy natural su estado
de sueño profundo, quedando despierto. Sin embargo, yo no podía regresarme al
cuerpo físico porque en modo alguno quería interrumpir mis labores en el
monasterio. Estaba muy ocupado; continué sosteniéndome allá en el Tibet, a
fuerza de voluntad, pues es obvio que el cuerpo despierto atrae al Alma.
Como
quiera que la situación aquella me resultaba un poco embarazosa, pues no dejaba
de interferir con mis actividades dentro del monasterio, no me quedó más
remedio que concentrarme en mi Madre Naturaleza y suplicarle sacara a mi cuerpo
físico, que yacía en México y me lo trajese a la Orden Secreta del Tibet.
Mi
Madre accedió a mis ruegos, sacando el cuerpo físico de entre el lecho y
metiéndolo dentro de la Cuarta Dimensión, transportándomelo al monasterio del
Tibet.
En
esos instantes, en Cuerpo Astral me encontraba platicando con otros hermanos de
la Orden, cuando comencé a sentir sobre mis hombros una extraña presión. Esta
fue para mí la señal de que mi cuerpo físico se aproximaba, y ciertamente, así
fue.
Tal
experimento lo hice con el propósito de no ser estorbado en mi trabajo
esotérico, mientras actuaba en el lejano oriente.
Quien
aprende a desdoblarse a voluntad, puede realizar este experimento por sí mismo:
alejarse de su cuerpo físico y luego invocarlo, desde cualquier lugar donde se
encontrare.
La
Madre Naturaleza siempre nos ayuda, cuando nosotros sabemos amarla realmente.
2.
- Maestro, ¿no existe alguna oración para llamar a nuestra Madre Naturaleza,
cuando estamos en Astral para que nos traiga el cuerpo físico al lugar a donde
nos encontramos en esos instantes anímicamente? ¿Podría usted enseñárnosla?
R.-
Con mucho gusto voy a enseñarles, ahora, una invocación mágica preciosa, para
que con ella puedan llamar a su Divina Madre, quien se encargará de llevarles
el cuerpo al lugar donde ustedes se encuentren en estado anímico:
“Creo
en Dios,
Creo
en mi Madre Naturaleza,
Creo
en la Magia Blanca.
¡Madre
mía: traedme mi cuerpo!”
Esta
invocación se repite millares de veces.
Cuando
sintáis cierta presión sobre los hombros, es porque el cuerpo físico ya se
acerca, ya viene, y cuando lo veáis, ordenadle en forma imperativa, que penetre
dentro de vosotros. Podéis estar seguros de que el cuerpo flotará en la Cuarta
Dimensión y que penetrará dentro de vosotros por la parte superior de vuestra
cabeza anímica, astral o sideral.
Ya
en posesión de vuestro cuerpo, flotando en el ambiente mágico de la Cuarta
Dimensión, podéis transportaros a cualquier lugar del mundo, ya sea al Tibet, o
a los templos sagrados de Egipto, India, etc.
3.
- ¿Es posible regresar a voluntad, con todo y cuerpo, Maestro?
R.-
Existe una ley en el Mundo de la Cuarta Dimensión, y es que todas las cosas
regresan a su punto de partida original. Muchas gentes Jinas pasan la noche
entera lejos de su casa, con cuerpo de carne y hueso, y flotando en la
atmósfera, regresan a su hogar cuando ya está rayando la aurora, cuando ya está
amaneciendo.
Lo
interesante del caso es que, al volver a su cama, el cuerpo vuelve a quedar en
la misma posición que tenía, antes de levantarse.
En
cierta ocasión, al salir yo de mi casa con el cuerpo físico metido dentro de la
Cuarta Dimensión, hube de abrir la puerta para salir a la calle. Normalmente,
esta última debería haber quedado herméticamente cerrada, mas como caso
excepcional, tal puerta quedó abierta, todavía no me he explicado el motivo. En
otra ocasión, saqué de casa una “maceta”, en la cual había una hermosa planta.
La “maceta” regresó, por sí sola, al punto de partida original.
Quiero
que ustedes sean prácticos mis estimables amigos; quiero que se conviertan en
gentes Jinas, quiero que sean ocultistas verdaderos, no simples teorizantes.
4.
- Con el relato que usted nos acaba de hacer, Maestro, me ha surgido una duda
con respecto a los Estados de Jinas. He leído y oído que en los bosques de
Irlanda, aparecían poblados enteros de la Cuarta Dimensión a la tercera,
haciéndose visibles y tangibles para los leñadores y cazadores de dichos
bosques. Con otras palabras quiero decir que existía una magnífica convivencia,
entre los moradores de aquellos lugares y los seres del misterio. ¿Podría
explicarme qué significa todo esto, Maestro? Sobre todo, me interesa demasiado
saber cómo podían pasar tan fácilmente de la Cuarta a la tercera, y viceversa.
Toda esta explicación, es lo que yo pido.
R.-
Amigos míos, en la Lemuria, las gentes vivían normalmente en la Cuarta
Dimensión. Por eso se dice que Adán y Eva habitaban en el Paraíso Terrenal.
Cuando la humanidad se entregó a la fornicación, cuando se desataron las
pasiones animales, los seres humanos salieron del Paraíso, abandonaron la
Cuarta Vertical.
Sin
embargo, es bueno saber que los poderes para pasar de una dimensión a otra, de
la tercera a la Cuarta, o viceversa, están latentes en todos los seres humanos
y sin embargo pueden manifestarse, hacerse activos, ya en forma esporádica o en
forma permanente.
Las
gentes Jinas citadas por usted, en Irlanda, así como en otros lugares del
mundo, tienen esos poderes activos, pueden pasar de una dimensión a otra a
voluntad y sin esfuerzo alguno.
Empero,
es obvio que mientras más sencilla sea la persona, mientras menos complicada
tenga la mente, más fácilmente puede realizar tales maravillas.
No
está de más, ahora, recordar a la famosa Isla Nontrabada, la cual fue visible
en otros tiempos para la humanidad.
Cuentan
las tradiciones que esa Isla fue exorcizada por un religioso, que
equivocadamente la consideraba como “cosa del diablo”.
La
Nontrabada o Encubierta, no se ha vuelto a ver por los mortales, desde el siglo
XVIII hasta la fecha, debido al escepticismo agresivo que desde esa época
infectó toda la atmósfera de la Tierra, dañando los sentidos psíquicos de la
humanidad.