Capítulo Dieciocho
CASOS DE JINAS
1.
- A fines de la segunda guerra mundial, se dio el caso, en la ciudad de México,
de que una niña de escasos cinco años, de nombre María, hija de padres de
ínfimos recursos económicos. En una ocasión en que la madre se encontraba
enferma, la niña hizo aparecer, delante de tres vecinas, un hermoso ramo de
rosas rojas, diciendo que eran para ponérselas a la Virgen, para que aliviara a
su mamá. El hecho fue muy comentado, en los alrededores y dentro de la vecindad
donde vivía.
En
otra ocasión, cayendo en un verdadero estado de éxtasis, balbuceando ciertas
palabras que sólo ella conocía, hizo aparecer dos gruesas piedras de oro puro,
que ayudaron enormemente a mejorar las condiciones de vida de sus padres.
Después
de este asombroso suceso, dio muestras de Clarividencia y profecías. Cierta
ocasión, un matrimonio la fue a consultar, por enfermedad del señor. Ella se
concentró, cerró los ojos, e instantes después apareció entre sus manos un
muñeco de trapo con varios alfileres metidos en el cuerpo. Procedió la niña a
sacarlos y luego tiró el muñeco en medio de un conjuro, en un brasero donde
quemaba azufre, sanando definitivamente el hombre embrujado.
Cuando
la niña fue creciendo, tuvo el poder de curar mediante pases magnéticos,
teniendo largas colas de enfermos que demandaban ayuda y consuelo, y a los
cuales sanaba. Pero cuando llegó a tener quince años y se fue interesando por
las cosas mundanas, poco a poco degeneró sus costumbres, hasta convertirse en
un ser humano común y corriente. ¿Me podría decir el Maestro a qué se debió
este caso?
R.-
Esta pregunta resulta ciertamente muy interesante, y bien vale la pena
contestarla.
Obviamente,
aquella niña estaba dotada de Poderes Jinas; incuestionablemente, podía hacer
aportes: traer rosas, pasarlas del Mundo Astral al mundo físico, hacer venir,
desde distancia, objetos como ese tal muñeco con alfileres, etc., etc., etc.
Resulta
patente y manifiesto el hecho concreto de que cuando se interesó por las cosas
materiales, cuando se alejó de la espiritualidad trascendente, perdió sus
poderes.
Me
viene a la memoria en estos instantes el caso del enigmático y poderoso Conde
Cagliostro.
Cuentan
viejas tradiciones que, al salir Cagliostro de la prisión de La Bastilla en
París, donde estaba preso por el caso aquel del collar de la reina que produjo
tanto escándalo, celebró un banquete extraordinario.
Francia
entera se conmovió cuando conoció el episodio de este festín.
Notorio
fue para los convidados que el conde Cagliostro poseía ciertamente poderes
formidables.
La
mesa del festín deslumbraba con el oro, la plata y el esplendor de los
invitados. Sin embargo, algunos puestos estaban vacíos, pero las viandas
servidas.
De
pronto, algo extraordinario sucede: los puestos vacíos fueron ocupados por
personajes que hacía tiempo habían muerto y los invitados todos se llenaron de
espanto, mas viendo la serenidad del conde Cagliostro, hubieron de controlarse
a sí mismos para comer y beber ante los espectros que sonreían en el banquete;
este hecho se comentó en todo París.
Está
completamente demostrado que Cagliostro poseía Poderes Jinas extraordinarios,
pues podía sacar a los difuntos de su Mundo (el Astral), para hacerlos venir al
mundo físico, y esto es claramente asombroso.
Cuentan
por ahí que en otra ocasión, el Conde visitó a una familia pobre con el
propósito de cenar con esta. Aquella gente se avergonzó un poco, debido a que
no poseían ninguna hermosa vajilla, ni cubiertos, ni vasos como para atender a
tan rico personaje, en forma decorosa.
Cagliostro,
comprendiendo todo esto, en presencia de los anfitriones sacó del Mundo Astral
una riquísima vajilla de oro puro, vasos preciosos y cubiertos magníficos, y
luego pidió con humildad se sirviera el banquete.
Todos
los asistentes comieron y bebieron asombrados usando tan rica vajilla.
Terminado
el festín, Cagliostro obsequió la vajilla a esas gentes, con el propósito de
que mejoraran su situación económica.
Aquí
en México, durante la época de la colonia, sucedió un hecho Jinas insólito,
inusitado.
Se
dio el caso de que un soldado filipino, apareció uniformado con el uniforme del
ejército de su país, en pleno Zócalo de México, D. F.
El
hombre fue detenido de inmediato, y cuando se le interrogó, sólo pudo
responder, asombrado, que ignoraba cómo había salido de su tierra, cómo había
sido trasladado instantáneamente a esta ciudad de México, y daba datos sobre
acontecimientos que habían sucedido en su país la víspera, el día anterior a su
captura.
Investigaciones
que se hicieron confirmaron exactamente todos los datos dados por aquel
soldado. En aquella época no existían los aviones, ni naves que pudieran
transportar a cualquier pasajero desde Filipinas a México en pocas horas.
Esto,
notablemente fue motivo más que suficiente como para que la Inquisición
católica interviniera inevitablemente.
Cuentan
las tradiciones que ese pobre hombre fue juzgado; no sabemos todavía si se le
quemó en la hoguera o si solo se le encarceló o torturó.
A
mí me sucedió otro caso extraordinario. Después de haber puesto mi cuerpo
físico en Estado de Jinas, de acuerdo con los métodos y procedimientos que a
todos vosotros os he enseñado, suspendido en la atmósfera del mundo volé sobre
algunas regiones de Sudamérica.
De
pronto, pasando por encima de una hacienda, me sentí atraído por una fuerza
magnética muy especial hacia la casa de aquella finca.
Al
poner pie en el suelo, pude verificar el hecho concreto de que ciertos vecinos,
trabajadores de aquella propiedad, rezaban ardientemente, conjurándome; creían
aquellas ingenuas criaturas que yo posiblemente sería algún brujo; es obvio que
anhelaban eliminarme, destruirme.
Ya
en tierra, los vi avanzar sobre mi insignificante persona, empuñando machetes,
mirándome con una ira terrible. Vi un cuarto, aparte, y en él me metí,
amparándome tras una mesa. Luego, dando algunos pasos hacia atrás, choqué con
una barda o pared. En esos instantes, alcanzaron a golpearme con un palo,
hiriéndome un brazo, mas yo hice un gran esfuerzo y metí mi cuerpo dentro de la
Cuarta Dimensión. Luego atravesé aquella barda, que ya no fue para mí obstáculo
alguno, y flotando en el ambiente regresé nuevamente a casa.
Varios
días duré con el brazo inflamado, mas al fin sanó definitivamente.
2.
- Nos podría decir, Maestro, ¿cómo fue posible que flotando usted dentro de la
Cuarta Dimensión, lo vieron aquellos campesinos y cayera en la tercera
dimensión?
R.-
Amigos míos: quiero que ustedes sepan que no en todo tiempo la atmósfera se
encuentra en las mismas condiciones. Hay instantes cósmicos especiales,
determinados por la radiación de los planetas, durante los cuales cosas y
objetos de Jinas suelen hacerse visibles y tangibles, ante las gentes del mundo
físico tridimensional.
Este
es mi caso, y entonces es obvio que fui visto por aquellos campesinos; como
quiera que ellos poseen una fe extraordinaria en todos sus ritos y oraciones,
fácilmente pudieron hacerme descender a aquel lugar, ¿entendido?
P.-
¿Cómo hizo usted para regresar otra vez a la Cuarta Dimensión y escapar de
aquellos campesinos?
R.-
Amigos míos, quiero que sepan que en esos instantes, mi cuerpo físico estaba
totalmente saturado con las radiaciones del Mundo Astral. Obviamente, sólo me
faltaba hacer un gran esfuerzo de voluntad para reingresar a la Cuarta
Dimensión.
Como
quiera que este caso era tan grave, tenía que hacerlo y lo hice, con magníficos
resultados; eso es todo.
En
estos momentos surge en mi memoria, el recuerdo de la Mulata de Córdoba, en
Veracruz.
Esta
era una mujer extraordinaria del Estado de Veracruz, México. La Inquisición le
siguió juicio por bruja y hechicera. Ella permaneció serena e impasible, ante
estos acusadores y calumniadores.
Se
le encerró en un cruel calabozo, y en la madrugada del día fijado para su
ejecución, entraron en su calabozo los gendarmes. Estos se quedaron atónitos,
asombrados, al verla muy alegre y vestida como para una fiesta.
“¡Cómo!
Deberías estar vestida de luto, preparándote para la muerte, pues has de saber
que ya vais a la hoguera, donde serás quemada viva con leña, verde y fuego lento,
sin derramamiento de sangre”.
La
Mulata respondió, serenamente: “Todavía hay tiempo, señores; cálmense un poco.
Ante todo quiero que ustedes vean cómo sé pintar un muro”
Luego,
tomando un gis (trozo de tiza) con su mano derecha, pintó ante ellos, en la
barda, un barco con sus velas, amarras, etc., etc., etc.
Dirigiéndose
posteriormente a sus guardianes, les interrogó diciendo: ¿Qué les parece este
dibujo?” Ellos respondieron: “Como dibujo está muy bien; sólo que a ese barco
le falta la tripulación”.
“Esto
no es problema –contestó la Mulata–, ahora mismo se la voy a pintar, observen,
vean”. Al dirigir ellos nuevamente la vista hacia el barco, pudieron ver
entonces a la Mulata (allí, entre ese dibujo), despidiéndose alegremente de
ellos, diciéndoles “adiós, adiós”. Y cuando atónitos y confundidos, miraron al
lugar que antes ella ocupara dentro del calabozo, espantados vieron que aquella
mujer había desaparecido.
Así
fue como la Mulata de Córdoba se burló de la Inquisición, mis queridos amigos.
No
hay duda de que algo similar tuvo que haber sucedido con el conde Cagliostro,
pues todos los datos que se han dado sobre su muerte en un calabozo de la
Inquisición, resultan manifiestamente contradictorios. Nosotros, los gnósticos,
sabemos que el conde Cagliostro todavía vive con el mismo cuerpo físico que
tuvo en los siglos XVI, XVII y XVIII, etc., etc., etc. En nombre de la verdad
tengo que decirles que yo soy amigo personal del conde Cagliostro y que le
conozco muy bien.
FIN
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