Capítulo Doce
CASOS
INSÓLITOS
1. - Cuando era niño
oía de mis padres y familiares los relatos de la muy conocida “Llorona”, la
cual se manifestaba periódicamente a los hombres que atravesaban llanuras o
lugares solitarios en el transcurso de la noche. Estos hombres eran seducidos
por una bella mujer que les salía al paso y que los incitaba al amor, pero al
corresponder ellos a su invitación, ella soltaba una carcajada muy penetrante,
escuchándose después un llanto muy amargo que helaba la sangre, desapareciendo
como un velo blanco que se perdía en las sombras de la noche. ¿Nos podría
explicar esta manifestación, Maestro, que es muy conocida en muchos lugares de
diferentes países?
R.- Distinguido
amigo, créame que siento gran placer al responderle. Su relato me parece
bastante interesante.
Ciertamente debo
decirle que esto de la “Llorona” es leyenda popular en todos los países del
mundo.
No quiero subestimar
la palabra “leyenda”; realmente tal término sirve de vehículo a muchas
tradiciones que suelen escaparse a la historia.
En los relatos hay
muchas veces más realidades de las que la gente supone. Después de esta pequeña
descripción necesaria para aclarar términos, me permito decirle que no hay
lugar en el planeta Tierra donde no se haya oído hablar alguna vez sobre la
“Llorona”.
En lo que a mí cabe
como investigador ocultista, le diré lo siguiente: en cierta ocasión, por allá
en algún pueblo, las gentes me informaron sobre las insólitas apariciones de la
“Llorona” a la orilla de un riachuelo. No está de más contarle con cierto
énfasis que yo me propuse investigar el caso personalmente.
Para tal efecto, hube
de trasladarme al lugar de referencia, al sitio indicado por las gentes y en
altas horas de la noche. Es obvio que debía hacer las investigaciones de rigor,
y eso lo sabe cualquier Esoterista y por ello procedí según arte.
La consabida mujer
metafísica vino a mí; eso es ostensible. La interrogué en la siguiente forma:
“¿Es usted la “Llorona?” “Sí, lo soy”, respondió la aludida, y luego intentó
dar sus famosos alaridos o gritos dolorosos con aquellas tan conocidas
exclamaciones: “¡Ay, mis hijos!” ¡Ay, mis hijos!” Pero yo estaba en guardia y
es claro que no consiguió atemorizarme, pues dice el dicho que soldado avisado
no muere en guerra.
“¿Es usted bruja?”,
–le pregunté– “Sí soy”, –me respondió– “¿Pertenece usted al salón de la
brujería?” “Sí” –respondió de nuevo–.
La mujer aquella
estaba vestida toda de negro y un largo manto del mismo color envolvía su
cuerpo de cabeza a pies; usaba sandalias y era como una sombra entre las
sombras mismas de la noche.
El rostro de aquella
aparición era pálido, sus ojos negros y penetrantes, su nariz roma, su labio
más o menos vulgar.
Sintiéndose vencida,
aquel fantasma de la noche se alejó por la rivera del riachuelo, caminando
despacito, despacito.
2. - ¿Entonces esta
mujer sólo era un fantasma?
R.- Estimable
señorita, me permito decirle que en cierto sentido sí, eso era, pero tenía una
tremenda realidad; era una bruja ciertamente de esas que concurren al salón de
la brujería de Salamanca, España.
3. - Voy a relatar un
caso que me sucedió en mi niñez, cuando todavía no había luz eléctrica;
nosotros vivíamos en una casa que tenía un gran patio; por lo tanto, para
alumbrarse usaban velas y quinqué de petróleo; alrededor del patio estaban
construidas las piezas y en un extremo, una gran cocina de estilo colonial,
donde había grandes muebles de madera llamados trasteros; también teníamos
diferentes clases de animales, tales como cerdos, aves, vacas, etc.
Muy a menudo daban en
robar los animales y todo el mundo estaba siempre a la expectativa; cierta
noche oímos gran barullo en la cocina y el ruido de algunos cerdos y gallinas
como si las hubiesen sacado, oyéndose además que uno de los trasteros se venía
abajo rompiéndose toda la loza que tenía; Fue tan grande el estruendo que nos
despertamos todos los miembros de la familia, saliendo a medio vestir, a ver
qué pasaba, con velas y quinqués en las manos. Al llegar a la cocina y checar
donde estaban los animales, nos sorprendió el hecho de que todo estaba en calma
y los trastes de la cocina en perfecto estado, sin haberse movido nada; esta
misma situación se repitió no menos de cinco veces, hasta que decidimos no
hacer más caso. Automáticamente desapareció tal fenómeno, el cual al principio
nos atemorizaba, llegándose a decir que dicha cocina estaba embrujada. ¿Sería
tan amable el Maestro de darnos alguna explicación al respecto?
R.- Bastante
interesante su pregunta, y créame que siento gran alegría al responderle.
Estos son los casos
de casas encantadas y de hechos fantasmales muy conocidos desde la remota
antigüedad. Es claro que en esto intervienen criaturas del Más Allá, espectros,
fantasmas de los fallecidos, etc.
A todas luces resalta
con entera claridad meridiana la existencia de factores psíquicos capaces de
producir fenómenos físicos.
Es incuestionable que
no existen efectos sin causa, ni causas sin efectos. Obviamente el fantasma de
algún fallecido producía tales fenómenos. El Doble Etérico de aquel trastero o
mueble donde se ponía la vajilla caía
ciertamente produciendo tales sonidos en la noche; esto no significa que la
parte meramente física del citado mueble se precipitase al suelo.
Es
bueno que usted entienda, distinguido caballero, que cualquier objeto físico
tiene un doble de tipo etérico, incluyendo como es notable el mencionado
trastero de la cocina; ahora comprenderá usted mejor qué es lo que caía y el
origen del sonido de platos, ollas y demás arcilla o porcelana destruida.
El
fantasma del muerto actuaba sobre la parte etérica del mueble físico y se
producían fenómenos similares a lo meramente material. Desde los antiguos
tiempos se sabía que en tales lugares había tesoros ocultos y las gentes los
buscaban con afán hasta dar con ellos.
4.
- Me complace mucho verificar o reafirmar su respuesta en relación con que
efectivamente en ese lugar fueron encontradas dos ollas con monedas de oro, las
cuales se quedaron en poder de los albañiles cuando esa cocina fue demolida, e
inclusive se hicieron muchos comentarios al respecto y algunas gentes
coincidieron en que era ése el motivo por el cual se habían observado varios
casos sobrenaturales.
R.-
Amigos míos, sé de un caso similar muy extraordinario. Dentro de una antigua
recámara de una vieja casona señorial, donde habitaban patriarcalmente personas
de cierta edad, escuchábanse múltiples ruidos en el silencio profundo de la
noche.
Una
bella dama que durmiera tranquila en su lecho, acostumbraba a cubrirse
totalmente con sus cobijas o sarapes, de pies a cabeza, cuando escuchaba los
mencionados sonidos metafísicos dentro de su alcoba.
En
tratándose de todos estos casos, no siempre resultan tan ingenuas protecciones
como lo son las inocentes cobijas o sarapes.
Cuenta
la susodicha dama que alguna vez logró con sus pies tocar el cuerpo de un
fantasma que parecía de niño. Dice aquella mujer que el infante metafísico
lentamente le fue halando los sarapes hasta dejarla totalmente sin ellos, y
luego los colocó todos juntos sobre determinado lugar de la alcoba.
Pasaron
los tiempos y mucho más tarde, cuando aquella familia se retirara de esa
morada, otras personas que allí pasaron a vivir hubieron de hacer algunas
reparaciones a la casa, y en el lugar exacto donde el fantasma colocara los
sarapes o cobijas fue hallado, un poco profundo, un riquísimo tesoro de oro
macizo.
Vamos
a seguir ahora con otro relato muy similar y bastante interesante. Recuerdo el
caso de un caballero de cierta edad, quien tuviera extraños sueños: se vio
llevado en visión, de noche, a un terreno baldío.
Aquel
que lo guiara, indicándole cierto lugar desértico, en forma enfática le dijo:
“Aquí enterré un gran tesoro y es para ti; puedes sacarlo; todo lo que se
necesita es escarbar, hacer hoyo; te voy a poner una señal para que vengas
mañana; donde encuentres la señal, es el lugar donde está la fortuna”.
Cuenta
el señor de tal relato que el fantasma que ahí lo condujera en sueños, puso dos
huesos de muerto en forma de cruz y luego, poniendo mucho énfasis, le repitió:
“Esta es la señal, no la olvides.”
Cuenta
el caballero que cuando se despertó de su extraño sueño, muy de mañana y antes
del desayuno, se dirigió al sitio indicado, y ciertamente ahí encontró los dos
huesos de muerto en cruz; entonces, tomándolos con sus dos manos, dijo: “De
parte de Dios o de parte del diablo, sea lo que sea, ahí van más chispas.”
Después arrojó los dos huesos a distancia y lleno de gran indignación regresó a
su casa. Es obvio que aquel bueno hombre perdió una rica fortuna.
5.
- En relación con los relatos anteriores, quisiera narrar otro caso en el que
varias gentes observaban un perro blanco que salía detrás de una nopaleda y
caminaba aproximadamente unos 100 metros, perdiéndose en un aparente agujero,
dándoles a unos curiosidad y a otros gran temor, porque durante el día no había
dicho agujero. Uno de los que habían observado el fenómeno decidió balacear al
perro que caminaba noche a noche, y grande fue su sorpresa al ver que las balas
no lo mataban, siguiendo su normal recorrido hasta perderse en el sobredicho
agujero.
Después
de hacer una especie de junta con las personas que lo habían visto, a alguien
se le ocurrió que en el agujero donde se perdía ese perro blanco podría ser la
indicación de que ahí se encontraba un tesoro. Al escarbar, efectivamente
encontraron una respetable fortuna, la cual se dividieron en partes iguales.
¿Qué
nos podría usted explicar sobre este relato, Maestro?
R.-
Mi caro amigo, su relato es magnífico y merece una buena explicación.
Quiero
que usted sepa que todos estos tesoros escondidos están custodiados por los
Gnomos de la Naturaleza. Las gentes les dan a todas estas criaturas Elementales
diversos nombres; algunas personas simplemente los califican como Duendes y eso
es todo.
No
hay duda de que tales Elementales son los fieles custodios de tan ricas
fortunas minerales ocultas bajo la epidermis de la tierra.
El
perro fantasma del relato era simplemente un Gnomo encargado de vigilar el
tesoro. Normalmente esas criaturas metafísicas tienen la forma de pequeños
hombrecillos enanos, parecen mas bien viejecitos venerables; empero pueden
asumir cualquier figura, incluyendo la del citado perro. Ahora se explicará
usted, por sí mismo, todo lo relacionado con ese fenómeno.
Queridos
amigos, esta clase de relatos son muy interesantes, sin embargo es bueno saber
que el mejor tesoro es el Espíritu; no nos dejemos llevar de ambiciones,
codicia, ansias de fortuna, etc., etc., etc.