Capítulo Quinto
REENCARNACIÓN
Cuando
llega la hora de la muerte, concurre al lecho del agonizante el Ángel encargado
de cortar el Hilo de la Existencia.
En
el instante preciso en que exhalamos el último aliento, el Ángel de la Muerte
saca el Alma del cuerpo y corta con su guadaña el Cordón de Plata, cierto hilo
misterioso, plateado, que conecta el Alma con el cuerpo físico. Tal cordón
magnético puede alargarse o acortarse hasta el infinito.
El
sueño se dice que es una muerte chiquita; sabido es que durante el sueño el
Alma no está entre el cuerpo; viaja a remotas distancias y entonces el Hilo de
Plata se alarga infinitamente. Gracias a tal hilo puede el Alma regresar al cuerpo físico en el momento del
despertar después del sueño.
Los
moribundos suelen ver al Ángel de la Muerte con una figura espectral,
esquelética, ataviado con los trajes funerales. Es claro que esta figura tan
siniestra sólo la asume cuando está trabajando; fuera de su trabajo asume
hermosas figuras, ya de niños, ya de damas o de venerables ancianos. Los
Ángeles de la Muerte nunca son malos o perversos. Ellos siempre trabajan de
acuerdo con la Gran Ley; cada cual nace en su hora y muere exactamente en su
tiempo.
Las
almas de los muertos recapitulan o repasan en forma detallada la vida que acaba
de pasar; este procedimiento se realiza siempre retrospectivamente; durante tal
proceso las almas recogen sus pasos, viven en aquellos lugares donde antes
vivieron, repiten siempre lo mismo, los mismos hechos, los mismos sucesos.
Cuando
llegan a revivir los instantes de la primera infancia parecen niños. Es obvio
que una vez repasada la vida tal como sucedió, se presentan ante los Señores
del Karma, ante los Tribunales de la Ley, listos para ser juzgados. Esto es lo
que se llama presentarse uno ante los tribunales de Dios.
De
tal juicio, de tal fallo, resulta el porvenir de cada Alma. Algunas almas suben
a las regiones celestes antes de regresar a este mundo; otras entran en los
mundos infiernos, situados estos últimos dentro del interior de la Tierra; y
otras, finalmente, regresan inmediatamente o mediatamente a este valle de
lágrimas.
Esto
de retornar o regresar a este mundo suele ser bastante doloroso.
Desgraciadamente, siempre nos toca regresar.
Los
Ángeles de la Vida conectan el Hilo de Plata con el zoospermo que va a ser
fecundado en una matriz.
La
criatura se gesta en el vientre, pero el Alma que regresa sólo entra realmente
en el cuerpo en el instante en que el niño hace la primera inhalación de aire.
Comprender esto es vital e indispensable.
Así
pues nosotros, antes de esta vida que tenemos actualmente, tuvimos no sólo una
pasada existencia, sino muchas otras.
Cada
cual nace de acuerdo con su propio destino; unos nacen en familias ricas y muy
adineradas, y otros regresan o retornan entre gentes pobres y miserables.
Si
hicimos bien en nuestra pasada existencia, recogemos ahora el premio, volvemos
a hogares donde nada nos falta y tendremos comodidades de toda especie.
Si
hicimos mal, sin malgastamos el dinero, si fuimos avaros, si explotamos al
prójimo, si cometimos el error de robar o de arruinar a otros, si hicimos mal
uso del dinero, es evidente que nos toca volver entre familias miserables,
vestidos con cuerpos de mendigos, infelices, hambrientos y desnutridos. Así
cada cual recoge el fruto de sus propias acciones.
Es
ostensible que las gentes no recuerdan sus vidas pasadas porque tienen la
Conciencia dormida; si las gentes tuvieran la Conciencia despierta, entonces es
obvio que recordarían todas sus anteriores existencias.
Uno
debe esforzarse en hacer obras de caridad, vestir al desnudo, dar de comer al
hambriento, dar de beber al sediento, enseñar al que no sabe, etc., etc., etc.,
para que en su futuro retorno, para que de regreso a la Tierra después de la
muerte, renazca en lugares bellos, hermosos, entre gentes de buenas costumbres,
con mucha abundancia, paz y prosperidad.
1.
-¿Existen Ángeles de la Vida y Ángeles de la Muerte?
R.-
Con el mayor gusto responderé a su pregunta. Los Ángeles de la Muerte concurren
a los lechos de los agonizantes y viven normalmente en la Quinta Dimensión, en
el Mundo Astral del cual nos habla el esoterismo y el ocultismo.
Los
Ángeles de la Vida tienen figuras de niños, saben mucho de medicina oculta,
tienen poder sobre las aguas de la existencia, sobre la matriz, sobre el
líquido amniótico, sobre los órganos creadores, y viven normalmente en la
Cuarta Dimensión, en el Mundo Etérico.
No
hay duda de que los Ángeles de la Vida trabajan con las mujeres durante el
parto. Ellos pueden abrir toda matriz y ayudar en todo nacimiento; suelen ser
médicos asombrosos, realmente ellos son los encargados de conectar el Hilo de
la Vida con el zoospermo fecundante; ellos son los agentes secretos que ayudan
a toda mujer parturienta.
2.
- Entonces, de acuerdo con lo que usted nos explica, ¿existe la predestinación
y puede uno llegar a cambiarla?
R.-
Distinguida dama, vamos a dar respuesta a tal pregunta. Es ostensible que
existe la predestinación. Realmente esta última es el resultado de todas las
acciones buenas y malas de nuestras pasadas existencias. Si uno roba, le
robarán; si mata, le matarán; etc., etc., etc. Por ejemplo, voy a narrarles
ahora un caso muy interesante. Sucedió que un joven y tres compañeros amigos
salieron de viaje desde México hacia los Estados Unidos. Empero tuvieron un
acontecimiento trágico: El carro en que viajaban fue golpeado por otro y en
esto hubo contragolpes con otros vehículos que también circulaban por la
carretera con un saldo de dos muertos y dos heridos.
Cuando
nosotros investigamos en los mundos superiores pudimos evidenciar lo que es la
Ley de la Predestinación. Uno de los muertos, el primero de ellos, fue,
dijéramos, instantánea su muerte; pereció en el momento preciso del choque.
Otro sufrió quemaduras de tercer grado y después de veinte días exhaló el
último aliento. El tercero fue el conductor del coche, el cual sólo tuvo una
dislocación del brazo y una pequeña herida en una pierna. Y otro, el cuarto,
sufrió tan sólo una leve herida en la cabeza. Nosotros investigamos
especialmente a los tres primeros y el resultado fue el siguiente: quien
pereció primero había vivido en México durante la época de Don Porfirio Díaz;
es claro que había sido un rico poderoso, un gran hacendado déspota, que gozaba
atropellando a los pobres trabajadores, echando los caballos sobre los
campesinos en los caminos, etc., etc.
Quien
muriera de quemaduras graves, había cometido el error de echar gasolina sobre
los cuerpos de sus hermanos cuando estos últimos dormían en la noche y luego
les había prendido fuego; ese había sido pues su delito más grave en su pasada
existencia y ahora perecía entre un carro incendiado, moría con quemaduras de
tercer grado.
En
cuanto al tercero, había hecho sufrir a un joven en su pasada existencia.
Resulta que en pandilla de muchachos lo habían golpeado y le habían dislocado
un brazo jalándoselo violentamente; ahora recibía la consecuencia durante el
accidente. Así pues cada cual nace con su propio destino.
Podría ser modificado el destino
haciendo muchas obras de caridad, dedicándose al bien, practicando las obras de
misericordia, etc., etc. Queda pues aclarado el hecho concreto de que el
destino también puede ser modificado, porque cuando “una ley inferior es
trascendida por una ley superior, la ley superior lava a la ley inferior. Haz
buenas obras para que pagues tus deudas”.
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