Capítulo Primero
LA MUERTE
1.
- Hace muchos años cuando murió mi padre estábamos velándolo otras personas y
yo. Dichas personas estaban acompañándome cuando me quedé dormida por un
momento y de pronto vi que mi padre entró en el cuarto donde estábamos
velándolo, llevaba sus manos metidas en las bolsas de su pantalón y me preguntó
que quién se nos había muerto, que quién era aquél que estaba tendido, y yo
pensé que era mi padre que acababa de morir y estaba hablándome.
¿PODRÍA
DECIRME A QUÉ SE DEBIÓ ESTE FENÓMENO?
R.-
Es indispensable comprender que las gentes jamás en la vida se preocupan por
despertar Conciencia; realmente todas las personas del conglomerado social
tienen la Conciencia profundamente dormida. Es obvio que después de la muerte;
el animal intelectual equivocadamente llamado hombre, continúa con su vida
ensoñativa; si a algún desencarnado se le dijese que está muerto obviamente no
lo creería.
Es
ostensible que los desencarnados piensan siempre que están vivos, pues nada
extraño encuentran al morir. Ellos ven siempre el mismo sol, las mismas nubes,
las mismas aves ensayando el vuelo desde los tupidos sauces del jardín.
Los
llamados muertos, después del gran paso, deambulan por las calles de la ciudad
o por los distintos sectores del suburbio donde fallecieron. Normalmente
continúan con su trabajo cotidiano, y se sientan a la mesa en su casa y hasta
se dan el lujo de acostarse en su lecho, jamás pensarían que han pasado al Más
Allá. Ellos se sienten viviendo aquí y ahora.
En
estas condiciones al ver su cuerpo en el ataúd, suponen que se trata de otra
persona, ni remotamente sospechan que se trata de su mismo vehículo fallecido;
esa es la cruda realidad de los hechos; por eso no se extrañe en modo alguno de
haber tenido esa experiencia íntima.
2.
- ¿A qué se debe el temor que sentía mi hermana más pequeña de entrar en la
habitación donde fue velado mi abuelo?
R.-
Dicho temor tiene mucho de ancestro. Por lo común se transmite de padres a
hijos; no hay nadie en la vida que no lo haya sentido; lo mismo sucede cuando
penetramos a una caverna tenebrosa o cuando nos encontramos en presencia de un
fantasma real. La causa Causorum de todo esto estriba en la psiquis subjetiva,
mejor dijéramos en la Conciencia dormida.
Cuando
uno despierta Conciencia es ostensible que tales temores desaparecen
radicalmente.
3.
- ¿Por qué los niños pueden ver a un desencarnado y los adultos no? Mi hijo el
más pequeño vio a mi padre recién desencarnado y platicaba con él.
R.-
En nombre de la verdad debemos ser claros y enfatizar ciertas ideas. No está de
más decir que todos los niños son clarividentes. Se nos ha dicho que antes de
cerrarse la fontanela frontal de los recién nacidos, eso que llaman “mollera”,
tienen las humanas criaturas el poder de ver lo suprasensible, aquello que no
pertenece al mundo físico, eso que es invisible para los adultos.
Si
los seres humanos reconquistaran la inocencia en la mente y en el corazón es
incuestionable que recobrarían la divina Clarividencia, el poder de ver lo oculto,
lo misterioso, lo desconocido.
4.
- ¿Cuándo morimos, no tenemos el peligro de perdernos? ¿O alguien nos espera?
R.-
¿Qué es eso de perdernos distinguida dama? ¿Qué es eso de perdernos caballeros?
¿Hasta cuándo vais a dejar de tener miedo? ¿Se pierde uno acaso en su casa? Ya
he hablado claro y demasiado, ya he dicho que durante los primeros días
continuamos viviendo en la misma casa donde fallecimos y de eso hay muchos
testimonios.
Al
morir nos encontramos a aquellos difuntos queridos que se nos han adelantado,
es decir, a nuestros parientes y amigos.
5.
- ¿Podemos reconocer a esos parientes y amigos que nos encontramos al
desencarnar?
R.-
Tú puedes reconocer a tu madre fallecida, a tu padre, a tus amigos y parientes;
¿supones que puede uno desconocer a sus seres queridos?
Tu
pregunta es bastante extraña, es obvio que ningún hijo podría desconocer a la
autora de sus días, es ostensible que todos tenemos la capacidad para reconocer
lo que hemos conocido.
6.
- ¿Cuándo morimos, no sufrimos de soledad?
R.-
Cada cual es cada cual; el egoísta, aquél que se auto-encierra, el misántropo,
aquél que no ama a nadie, es obvio que ya aquí mismo tendrá que pasar por la
amargura de la soledad; Después de la
muerte resulta patético, claro y definido su doloroso estado solitario
en la región de los muertos.
7.
- De acuerdo con eso que llaman Destino ¿es cierto que tenemos los días y las
horas contadas?
R.-
Distinguido caballero, con el mayor placer responderé a su pregunta. Cuando
usted sale de viaje es incuestionable que lleva determinada cantidad de dinero
para los diversos sistemas de transporte. Obviamente usted debe saber gastar su
dinero, porque si lo malgasta su viaje habrá de ser interrumpido.
Quiero
que comprenda que al venir al mundo los Ángeles del Destino depositan en
nuestros tres cerebros determinado capital de valores vitales. Es claro que si
los malgastamos, si acabamos con dicha fortuna, el viaje por el camino de la
existencia será interrumpido prontamente; mas si los ahorramos, nuestro viaje podrá
hacerse largo y así llegaremos hasta la ancianidad.
8.
- Me sorprende usted con eso de los tres cerebros, yo siempre he oído que
tenemos un cerebro, ¿podría decirme cuales son esos otros dos?
R.-
Conque le sorprende a usted lo de los tres cerebros... Compréndame: entre la
caja craneana tenemos el cerebro intelectual; En la parte superior de la espina
dorsal tenemos el cerebro motor, el centro capital de los movimientos; En el
plexo solar y demás centros simpáticos está el cerebro de emociones. ¿Me ha
entendido ahora?
9.
- ¿Por qué sentimos miedo al pensar en la muerte y por qué nos apegamos a la
vida?
R.-
El deseo de vivir es muy grande; todos los seres humanos quieren vivir, están
apegados a la vida sensual. Es obvio que la adhesión, el apego, el deseo de
existencia material nos tienen fascinados; en estas condiciones de ninguna
manera queremos morir, tenemos miedo a la muerte, no queremos dejar de existir.
Si
las gentes basándose en comprensión perdieran el deseo de vida material,
entonces el temor a la muerte desaparecería. Uno llega a perder tal temor
cuando comprende lo ilusorio de la existencia, cuando ve que nada en este mundo
es permanente. Pasan las ideas, las cosas y las personas.
10.
- ¿Cuándo una persona desencarna, Qué hace el Alma? ¿Adónde se encuentra para
volver a encarnar?
R.-
Hay que hablar claro y comprender; las gentes tienen la mente demasiado
dogmatizada; existe deterioro intelectual; ya las personas no son capaces de
abrirse a lo nuevo, de ver lo natural, siempre piensan en lo artificioso y lo
consideran como patrón de todas las medidas.
En
otros tiempos los sentidos humanos no se habían degenerado todavía. En las
arcaicas épocas de nuestro mundo, las gentes podían ver a los desencarnados,
oírlos, palparlos, etc.
En
la Lemuria, por ejemplo, cuando alguien iba a desencarnar, cavaba su propia
fosa y se acostaba en ella con la cabeza hacia el Oriente; feliz se despedía de
sus parientes y estos sonreían alegres. Quien pasaba al Más Allá no quedaba
invisible para sus parientes; bien podía seguir conviviendo con los suyos
deliciosamente; el aire parecía transparente; en la atmósfera se veía
claramente a los espíritus, a las almas, a las criaturas inocentes de la
Naturaleza.
Pero
sabemos que en la atmósfera, bajo esas zonas que pertenecen a lo
tridimensional, a lo físico, existen regiones metafísicas, a modo de mundos o
espacios, donde las almas de los muertos viven antes de volver a tomar nuevo
cuerpo.
11.
- ¿Por qué siempre que sueño con mis parientes difuntos, platico con ellos y me
afirman que no han muerto y que están en perfecto estado de salud?
R.-
Distinguido caballero, me place su pregunta y con el mayor gusto le contesto.
Ante todo quiero que usted entienda lo que es el proceso del sueño. Es
incuestionable que el sueño es una muerte chiquita, como dice el dicho vulgar.
Durante las horas en que nuestro cuerpo yace dormido en el lecho, el Alma
ambula fuera de él, va a distintos lugares, se pone en contacto con los que han
fallecido y hasta se da el lujo de platicar con ellos.
Es
claro que los muertos jamás creen que están muertos porque en su vida jamás se
preocuparon por despertar Conciencia; ellos siempre piensan de sí mismos que
están vivos; ahora se explicará usted el motivo por el cual las almas de sus
muertos queridos le hacen tales aseveraciones.
12.
- ¿Por qué los espiritualistas tienen especial predilección por llamar o
invocar a los difuntos?
R.-
Bien, así lo aprendieron ellos de sus maestros, Allan Kardec, León Denis, y
muchos otros; lo grave es que tales autores no investigaron a fondo el hueso
medular de esta cuestión.
Ante
todo quiero, mi estimable caballero, que usted sepa que todos los seres humanos
tienen dentro un “yo”, un Ego, el mí mismo, el sí mismo.
Por
favor no piense que el tal “yo” es lo mejor; estudie usted el “Libro de los
Muertos” de los antiguos egipcios y comprenderá lo que le estoy diciendo.
¿Usted
ha leído el Fausto de Goethe? ¡Ah! Si usted conociera lo que es ese
Mefistófeles me daría la razón; es incuestionable el carácter tenebroso de
Mefistófeles, el Ego, el “yo” el mí mismo.
Quien
se mete en el cuerpo del médium espiritualista es el “yo” del difunto, Ahrimán,
Mefistófeles. Es indubitable que tal “yo” personifica a todos nuestros defectos
psicológicos, todos nuestros errores.
El
Ser del difunto jamás viene a ninguna sesión de espíritus; distinga usted entre
el Ser y el “yo”; Quien acude a tales sesiones es Satán, el mí mismo. Quiero
que usted comprenda lo que es la Ley de Acción y Consecuencia; las personas que
prestan su cuerpo, su materia a los “yoes” de los muertos, a Mefistófeles, a
Satán, en su futuro nacimiento tendrán que padecer mucho por la epilepsia.
13.
- ¿Podría usted decirme que es el Ser?
R.-
El Ser es el Ser y la razón de ser del Ser es el mismo Ser; el Ser es Lo
Divinal, la Chispa inmortal de todo ser humano, sin principio ni fin,
terriblemente divino.
Todavía
los seres humanos no poseen esa Chispa dentro de sus cuerpos, mas si nos
santificamos y eliminamos el “yo pecador”, el Mefistófeles, es claro que un día
la Chispa podrá entrar en nuestros cuerpos. Ahora lo invito a usted a
comprender lo que es el Ser.
14.
- Después de la muerte ¿Recuerda uno toda la vida que acaba de pasar?
R.-
Sepa usted señorita, que después de haber abandonado el cuerpo físico todo
difunto revive en forma retrospectiva la vida que acaba de pasar.
El
desencarnado comenzará reviviendo aquellos instantes que precedieron a su
muerte; por tal motivo durante los primeros días, como ya dijimos, vivirá entre
los suyos, en su casa, en su aldea, en su pueblo, en su oficina, en su trabajo;
después, continuando, vivirá en todos aquellos lugares muy anteriores; en cada
faceta de su existencia pasada repetirá los mismos dramas, las mismas palabras,
las mismas escenas, etc. La última parte retrospectiva corresponde a los
procesos de la infancia; terminada la retrospección tenemos que presentarnos
ante los Tribunales de la Justicia Divina; los Ángeles de la Ley nos juzgarán
por nuestros actos, por nuestras obras.
Tres
caminos se abren ante el desencarnado: Primero, unas vacaciones en las regiones
luminosas del espacio infinito antes de volver a tomar cuerpo. Segundo, volver
a una nueva matriz en forma inmediata o después de algún tiempo. Tercero:
entrar en los mundos infiernos dentro del interior del planeta en que vivimos.
15.
- ¿Es posible que esa retrospección se haga en vida?
R.-
Muchas personas que han estado a punto de morir ahogados, han visto pasar su
vida en forma retrospectiva; esto mismo les ha sucedido a gentes que han estado
cerca de la muerte por tal o cual motivo.
16.
- Cierto día, tramitando asuntos de fosas y criptas para sepultar a familiares,
platicando con el administrador del cementerio, de pronto me quedé callado y
con los ojos desorbitados durante un buen rato; él siguió hablando y al ver que
no le hacía caso, me preguntó si me pasaba algo; al hablarme fuerte, desperté
de mi ensimismamiento y le relaté lo que me había acontecido. Resulta que
cuando dejé de hablar empecé a sentir la presencia de alguien y al voltear vi
junto a mí a mi suegra recién desencarnada por quien estaba yo arreglando los
asuntos del cementerio; después ella se sonrió amablemente y me invitó a pasar
haciendo un ademán. Como no podía moverme se limitó a despedirse y desaparecer
de mi vista. Al terminar mi relato el hombre tenía los pelos de punta y la
carne de gallina y nerviosamente me decía que en los años que llevaba en el
panteón nunca había tenido una sensación como esa. ¿Podría usted decirme a qué
se debió este fenómeno?
R.-
Con el mayor placer contestaré a su pregunta, distinguido caballero. En modo
alguno debe usted extrañarse por una visión suprasensible; en los tiempos de la
Lemuria, ya dije, los muertos eran visibles en la atmósfera para todo el mundo;
qué lástima que ahora las gentes se sorprendan con este tipo de visiones.
Nada
tiene de raro que un fallecido pueda hacerse visible de cuando en cuando en la
atmósfera y eso le consta a usted mismo; es obvio que lo pudo verificar con
percepción directa; el administrador del panteón no llegó tan lejos pero sí
pudo tener cierta sensibilidad psíquica, lo suficiente para que sus pelos se
hubieran puesto de punta y su piel como cuero de gallina.
17.
- Siempre que sueño con mi abuela materna y la veo triste, me señala algo que
al despertar no recuerdo, pero me he dado cuenta a través de los años que a los
ocho días después de haberla soñado, alguno de mi familia se pone en estado de
gravedad. ¿Podría usted decirme a qué se debe esto?
R.-
Distinguida señorita, ya he dicho mucho en mis conferencias que, durante las
horas del sueño normal común y corriente, las almas de los vivos se escapan del
cuerpo que duerme en el lecho y entonces se ponen en contacto con las almas de
los muertos.